Por: Luis Gerardo Ramírez Villela
El Tratado entre Estados Unidos de América, México y Canadá (T-MEC) ha sido muy discutido sobre sus implicaciones y futuras modificaciones desde su ejecución y, más recientemente, en virtud de las elecciones intermedias que se llevará a cabo el 3 de noviembre de 2026.
La imposición de tarifas por parte del presidente de los Estados Unidos de América ha dado lugar no sólo a diversos ajustes y discusiones entre los tres países, sino a controversias internacionales importantes que han afectado a ayudado las relaciones comerciales entre México y países asiáticos o europeos.
La revisión de sus términos y condiciones está centrada en las tarifas arancelarias en diferentes áreas comerciales que se han visto afectadas desde 2024 hasta la presente fecha, así como en los mecanismos de resolución de controversias, el cambio climático y el proceso de nearshoring.
Dicha revisión se está volviendo cada vez más compleja, y a medida que avanzan las negociaciones, parece que los beneficios para México disminuyen en lugar de aumentar.
Cada país se centra en salvaguardar sus propios intereses, lo que podría conducir al escenario original propuesto por los Estados Unidos: la disolución de un tratado trilateral en favor de acuerdos individuales entre las tres naciones.
Este resultado podría ser potencialmente ventajoso tanto para México como para Canadá, permitiéndoles establecer acuerdos que fomenten el crecimiento mutuo y se adapten a las tendencias actuales de deslocalización cercana, así como al cambiante panorama climático, económico y político global.
Ahora bien, el tema de las elecciones intermedias en los Estados Unidos seguramente afectará las consideraciones gubernamentales para la continuidad del T-MEC, a través del proteccionismo en los Estados Unidos.
En última instancia, independientemente de los acuerdos que se finalicen, el comercio entre Estados Unidos y México seguirá reflejando las ventajas que el primero obtiene de nuestro país, lo que podría hacer más factibles las negociaciones directas.
Lo más importante, será estar preparados en caso de una renegociación del T-MEC o de su terminación y negociación de acuerdos bilaterales, lo cual implicará cambios en la estructura de las operaciones de comercio exterior y modificaciones operativas en la legislación aplicable.








